Cuentan los mayores de la Comarca de Noya, al suroeste de la provincia de La Coruña, que en 1948 varios soldados que hablaban extraño acompañaron un féretro cubierto por una bandera roja y blanca.

Cuatro años antes, en 1944, tuvo lugar una de las batallas más importantes para el transcurso de la Historia: la playa de Omaha fue testigo del desembarco de millares de soldados aliados que comenzaron la reconquista de Europa en esa zona costera de Normandía: el Día D, 6 de junio. Cientos de miles de soldados se encontraron entre la arena y el agua, y no muchos menos perecieron en aquel punto clave de la II Guerra Mundial. Ingleses, franceses, estadounidenses y, también, un español, participaron en ese episodio que cambió el curso del conflicto.

Manuel Otero Martínez nació el 29 de abril de 1916 en Outes (Galicia). Con apenas 20 años, el estallido de la Guerra Civil le sorprende en Santander, donde trabajaba en la merina mercante, y le toca alistarse al bando republicano. Hacia el fin de la Guerra, lo tomaron prisionero y encarcelaron en Barcelona. Gracias a las buenas relaciones de su familia salió de prisión y en su horizonte ya tenía un objetivo: Nueva York, Estados Unidos.

Llegado al otro continente, consiguió en poco tiempo la ciudadanía estadounidense, lo que le permitió medrar y regentar un negocio en la ciudad de los rascacielos. La entrada de EEUU en la IIGM tras el bombardeo de Pearl Harbor obligó a este gallego a alistarse al ejército. Tras entrenar durante más de un año, lo destinaron a la Big Red One, División de infantería, encuadrado en el 16 Regimiento de Infantería. Esta columna tenía asignada uno de los sectores más complicados para el Día-D: el G, la Playa de Omaha.

El 6 de junio de 1944, el gallego, junto con tantos otros combatientes, llegó a bordo de una barcaza a Omaha, pero el mariscal Erwin Rommel había provisto de buenas defensa esa zona: minas, búnkeres y una gran y diversa cantidad de obstáculos diezmaron la compañía de Manuel Otero. Él también falleció en la costa normanda. Todos los miembros de este regimiento recibieron el Corazón Púrpura, medalla que EEUU destina a los fallecidos en la defensa del país.

Aunque Manuel, junto con los más de 6.000 fallecidos, fue enterrado en el cementerio de San Lorenzo de Normandía, su familia gestionó con la Embajada y el Consulado la repatriación del cuerpo de su hijo. Finalmente, tras cuatro largos años de espera, Manuel Otero Martínez fue enterrado en su pueblo natal, Outes, perteneciente a la Comarca de Noya. A su entierro acudieron algunos compañeros y colocaron la bandera su otro país, aquel que defendió en las playas de Omaha.