De sobra es ya conocido que los norteamericanos que lucharon por la independencia dependían de la ayuda militar, económica y logística de España y Francia. La Corona Española envió dinero y provisiones a través de comerciantes particulares, como Diego María de Gardoqui y Arriquibar (1735-1798), de la compañía Gardoqui e Hijos de Bilbao que, junto a Bernardo de Gálvez, fue otro personaje histórico español que contribuyó de forma esencial a la independencia de Estados Unidos antes, durante y después de la contienda.

Diego María de Gardoqui era natural de Bilbao y ejerció como comerciante la mayor parte de su vida hasta que recibió un encargo especialmente relevante del Conde de Floridablanca, Secretario de Estado y hombre de confianza de Carlos III: suministrar armas, materiales y dinero a los «patriotas» norteamericanos en su lucha por la independencia de Inglaterra. De hecho, su homologo comerciante en el país Jeremiah Lee le  pidio ayuda a Gardoqui y este le envio ya armas, antes incluso que cualquier trato oficial entre ambos países. El bilbaíno era la persona perfecta para la misión: recibió formación en asuntos comerciales en Londres, contaba con un alto nivel de inglés, conocía el mundo anglosajón y gracias a su prestigio como comerciante tenía contactos por toda Europa.

En Burgos el 4 de marzo de 1777, se prestó como traductor al Conde de Floridablanca en sus conversaciones con un enviado de los norteamericanos, Arthur Lee. Este encuentro permitió al Rey Carlos III tomar la firme decisión de prestar ayuda a los norteamericanos y de confiar al vasco el envío de 120.000 reales de a ocho, a través de su empresa, para la causa de las colonias norteamericanas.

De esta manera, Gardoqui se centró en desarrollar toda una red de suministros para las tropas de George Washington. Los números hablan por sí solos de la magnitud de la ayuda: 18.000 mantas, 11.000 pares de zapatos, 30.000 uniformes, 4.000 tiendas de campaña, 215 cañones, 30.000 mosquetes, 30.000 bayonetas, 300.000 libras de salitre para hacer pólvora… Todo ello por un valor total de 946.906 reales, una suma muy elevada en la época. También hay documentos históricos que confirman que desde el negocio de Gardoqui se compraban en Holanda barcos y mercancías que enviaba como suministros a la Nueva Orleans española, pero que en realidad tenían como destino final sufragar las necesidades de los revolucionarios norteamericanos.

Tras la firma del Tratado de París (1783) y reconocida la independencia de Estados Unidos, Diego de Gardoqui se estableció en Nueva York, capital de EEUU hasta 1790, como primer embajador y encargado de negocios de España. Tan importante fue su labor en el conflicto angloamericano que George Washington le pidió que se mantuviera a su lado el 30 de abril de 1789 durante la celebración del acto de toma de posesión como el primer Presidente de los nacientes Estados Unidos.

Los hitos de Gardoqui no se quedan ahí. Él lideró la construcción de la primera iglesia católica de «la ciudad que nunca duerme»: la iglesia de San Pedro, en el número 22 de la calle Barclay. La iglesia se bendijo oficialmente el 20 de junio de de 1786 y al acto acudió Gardoqui y el propio George Washington.

Su legado en la actualidad es recordado de diversas formas en Estados Unidos. En Filadelfia, este ilustre español cuenta con una estatua en el Sister Cities Park in Logan Circle que entregó el rey Juan Carlos I en 1977 y que fue realizada por el artista español Antonio Sanguino. Además, hubo un barco de la era de la Segunda Guerra Mundial perteneciente a la Marina de los Estados Unidos llamado el USS Guardoqui (IX-218) en honor a la familia Gardoqui de Bilbao.

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